viernes, 19 de marzo de 2010

Rosa Patria (Santiago Loza)


Érase un animal atado y turbio / de fervientes desdichas / alimentado por el polvillo de los rubíes /y el sonido de las colinas (Néstor Perlongher)

Corría el año 1986. Yo terminaba con mucho desgano el secundario e intentaba, con poca fortuna, decidir mi vocación. Por aburrimiento puse un aviso en el Suplemento Sí para cartearme con gente que leyera a un par de autores que ahora no recuerdo. Entre quienes me respondieron estaba un chico, cinco años mayor que yo, que editaba una revista independiente de poesía de las que proliferaron en la salida de la dictadura.

Coincidió con mi traslado de la noche de los suburbios a la de Buenos Aires, fui muy pocas veces al Parakultural porque me hice más habitué de Cemento y porque nunca fui consumidora de teatro pero recuerdo a Batato Barea, a Fernando Noy, a Tortonese y a Urdapilleta. Las perfomances artísticas que solían hacer eran humorísticas, teatrales, surcadas por la literatura.

Bien, el chico que conocí estaba en pleno duelo. Su novia acababa de viajar a Londres por una beca y lo había dejado rebotando entre las paredes de La Giralda. Entonces decidió adoptarme y compartió conmigo sus lecturas, su proceso de escritura y hasta su militancia poética. Él fue quien me introdujo en la lectura de Perlongher y quien intentó, con estúpida desesperación, que yo escribiera poesía. El Perlongher que me mostró era muy marginal, era el Perlongher de esas revistitas hechas en mimeógrafo o el de Austria-Hungría. Todavía no había salido Alambres que fue editado por Último Reino. Eso, a fines de los´80, implicaba toda una consagración.

Marlene Dietrich / cantaba en Londres una canción entre la guerra; / Oh no no no es cierto que me quieras / Oh no no es cierto que me quieras (Nestor Perlongher)

La película de Loza es prolija y sorprendente, adjetivos que rara vez van de la mano. Me topé con figuras que se me desdibujaron en los inicios de los 90 como Sebreli, Fogwil, el mismo Noy. Leí bastante a Sebreli en el apogeo de su producción de ensayos. Fogwill fue uno de los primeros escritores en tener web y un atisbo de blog cuando recién apareció Internet. Ahí estaba, muy rodeado de mujeres y siempre respondía los mensajes. Anoche visité su página y la encontré muy descuidada. Tal cual la había abandonado, desalentada por la imagen de su verdadera muchacha punk, tan londinense y frágil. Otra vez Noy, nunca le creí como poeta. Lo intuyo como a un artista, como un performer, ni siquiera como un actor.

El calificativo de mod que Fogwill desliza para un arquetipo de homosexual me sonó pertinente por la búsqueda de oposición. Perlongher no era un homosexual mod porque su estilo literario no es sólo barroco por la decoración proliferante de palabras sino porque esas palabras tienen tanto connotación como denotación abigarrada y profusa.

Los que considero alumbramientos sobre Perlongher son su envidiada e increíble correspondencia, su necesidad de que hubiera un sustento teórico para el FHL y su idea del fin de la homosexualidad a partir del SIDA. Está inscripto en la suma de finales posibles que se plantearon en plena muerte del siglo XX. También me parecieron entrañables las referencias a Puig, Hernández, Lamborghini.

El documental está muy bien narrado. Desde los soportes que utiliza para mostrar las viejas fotografías hasta Carlos Casella bailando y cantando El vestidito verde.

Tendré que visitar a Alejandro Ricagno como poeta, sólo tenía su registro de las primeras épocas de El Amante.

Estamos sitiados Bernadotte / a dónde iremos / después de esta película tan triste. (Néstor Perlongher)

No hay comentarios:

Publicar un comentario